"No lo voy a llamar"
video " "No lo voy a llamar" A Laura le tomó cuatro años entender que lo que vivía no era amor, era encierro. Cuatro años de disculpas vacías, de palabras que la aplastaban más que los golpes, de caminar de puntillas en su propia casa para no “provocar” una tormenta. Él era encantador con los demás. La gente decía: "Qué afortunada eres, Laura." Y ella sonreía como podía, porque sabía que nadie creería que aquel hombre que la abrazaba en público era el mismo que le decía "estás loca, nadie te va a querer nunca." La última vez que la empujó contra la pared, su hijo —de seis años— gritó. No por el golpe, sino porque entendió. Entendió que eso no era normal. Esa noche Laura no lloró. No empacó todo. Solo tomó lo esencial, a su hijo de la mano, y salió. A pie. A la intemperie. Pero por primera vez, sin miedo al silencio. Pasó meses reconstruyéndose. Vivió en una casa de acogida, buscó ayuda legal, se enfrentó a burocracias, y a su propia culpa....