"Mañana en la Pantalla”

El viento de la madrugada azotaba la cornisa del edificio. A 22 pisos del suelo, Lara se sostenía apenas en equilibrio, con la mirada perdida en el abismo que le ofrecía el final de todo. Era su cumpleaños número 30, y lo sentía como una broma cruel: sola, sin familia cercana, con una carrera estancada y un corazón lleno de vacío. Había dejado una nota. Nadie la leería pronto. Así lo quería.
Sacó su celular, más por hábito que por otra cosa. No tenía batería para mucho, pero entonces lo vio: una notificación extraña de una aplicación que no recordaba haber descargado. El ícono era un reloj de arena con una chispa. Se llamaba “Y Si…”.
Curiosa, tocó el ícono.
La pantalla se iluminó y apareció una pregunta:
¿Te gustaría saber qué pasaría si no te suicidas esta noche?
Lara parpadeó. Una mezcla de burla y escalofrío le recorrió la espalda. ¿Qué clase de broma era esta? Pensó en tirar el teléfono, pero sus dedos se movieron solos y tocaron “Sí”.
El aire se volvió denso, como si el mundo se detuviera. En la pantalla, comenzaron a aparecer imágenes, como una película en tiempo real:
—Ella, unos meses después, en una librería, encontrando por accidente un libro que escribiría años más tarde.
—Un perro callejero que rescataría, y que sería su mejor compañía.
—Una llamada inesperada de su hermana con quien llevaba años sin hablar.
—Una conversación con un anciano en un banco de parque que la inspiraría a estudiar psicología.
—Una sala llena de jóvenes a los que ayudaría en el futuro, hablándoles de la oscuridad que una vez la abrazó.
—Una sonrisa suya, reflejada en el espejo. Genuina. Serena.
Las lágrimas comenzaron a correrle por las mejillas. No podía apartar la mirada de las imágenes. No era una vida perfecta, pero era una vida con momentos... reales. Profundos. Suyos.
La aplicación mostró un último mensaje:
No tienes que decidir ahora. Solo elige mañana. Siempre puedes elegir mañana.
El celular murió. Sin batería. Pero ella no.
Lara bajó de la cornisa, temblando, pero viva.
Y al día siguiente, volvió a despertarse por primera vez en mucho tiempo con curiosidad. Con una chispa.
Había elegido el mañana.
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