"Los colores de Mateo"

video “Los Colores de Mateo” Tamara soñó con tener un hijo como esos que veía en las películas: risueño, sociable, lleno de preguntas y abrazos. Pero Mateo llegó al mundo con un silencio distinto, con la mirada perdida en las luces y objetos, no hablaba, sólo observaba . A los dos años, le dieron el diagnóstico: autismo severo. Tamara no lloró. Se armó de cuadernos, apps, videos, especialistas. Juró que haría todo lo que fuera necesario para "reparar" a su hijo. Lo llevó a terapias conductuales, dietas extremas, sesiones de estimulación sin descanso. Pasaban más tiempo en consultorios que en plazas. Cada logro pequeño —como que Mateo sostuviera un lápiz o repitiera una palabra— lo celebraba como una batalla ganada. Pero en las noches, cuando su hijo se balanceaba en la oscuridad con los ojos fijos en el ventilador del techo, ella se quebraba. ¿Por qué no podía simplemente ser como los demás? Un día, agotada, lo llevó a una clase de arte terapéutico porque ya no sabía qué má...