“Lo que el cuerpo no explica”

“Lo que el cuerpo no explica” Leonardo era un hombre de ciencia. Forense desde hacía más de veinte años, trabajaba entre cadáveres, autopsias, informes y silencio. Nada lo sorprendía. Nada lo quebraba. —La muerte es parte del ciclo —decía con voz calma y mirada serena—. Somos materia que se apaga. Nada más. Cuando los familiares llegaban a la morgue, llorando, temblando, suplicando por un minuto más, él les hablaba con tono compasivo pero firme, casi clínico: —Lo entiendo. Pero es natural. Todos vamos hacia allá. Y lo creía. Había diseccionado más cuerpos que abrazos había dado en los últimos años. La muerte, para él, era casi un lenguaje. Fría. Ordenada. Inevitable. Hasta que llegó Sofía. Su hija. Ojos de otoño, risa de campana. Tenía solo diez años. Un conductor ebrio. Un cruce de calle. Un segundo. Y su mundo se detuvo. Leonardo llegó al hospital con la bata aún manchada del caso anterior. La vio en la camilla, pequeña, inmóvil. Sus manos, esas manos acostumbradas a abrir cuer...